domingo, 25 de abril de 2010

Siempre era igual

Siempre era igual, la misma pesadilla desde el principio hasta el final, al menos, de las dos pesadillas que le acompañaban desde hacía ya quince años, esta era la buena, la otra, en que los justicias del rey daban tormento y terminan degollando al cabecilla de la tribu era bastante peor. Por otro lado, Martin, desde muy pequeño, estaba seguro que cuando él pensaba o soñaba con alguien es que ese alguien pensaba en él. Lo había probado infinidad de veces, la anterior vez que tuvo la misma pesadilla, por la mañana, encontró huellas recientes de caballos justo en el sitio desde el que se puede vigilar su casa. En aquel momento le daba lo mismo, de noche era absurdo salir solo de casa a buscar a los que le vigilaban, además después de recordar aquella historia ya no podría conciliar el sueño el resto de la noche. Como siempre, mientras se levantaba, volvió a decirse para sí pero en voz alta:- Puta guerra, puta justicia, puto rey, y puto Papa… ahora lo decía como quien reza una plegaria, una simple muletilla monocorde con la que necesitaba comenzar el día. Antes, hace años, cuando todavía se consideraba inocente, y la victima real del incidente del barranco, era bastante más vehemente en su peculiar jaculatoria diaria y después de lo de puto Papa se marcaba un enérgico discurso en el que no solo maldecía aquella puta guerra cruel y absurda en la que seguía metido, sino también a todas las guerras del mundo en las que había participado desde que con trece años entró al servicio del Rey de las Españas. En lo de la justicia, el Rey y el Papa era mucho más breve. Simplemente reflejaba las ganas de rebanarles el gaznate por bastardos, hipócritas, e hijos de la gran puta… y sobre todo porque entre los tres, la justicia, el rey y el papa le habían jodido la vida. Al dar el primer paso se dio cuenta por el sonido, que la maldita niebla continuaba cubriendo el valle de la Orotava. Sintió que un terrible escalofrió recorría toda su espalda, no era el miedo de los primeros años, ya no tenía miedo a la muerte, lo que ahora, con su hija ya mayor, no quería morir hasta dejarla bien casada. De la niebla lo que más le preocupada no era la falta de visibilidad, muchas veces había luchado en la oscuridad, sabía que las tribus de guanches rebeldes la aprovecharían y bajarían por los montes desde Anaga y las Mercedes y por la finca Gara-bato entrarían en el valle para robar animales de las fincas de los colonos, siempre pasaba igual… lo malo es que cuando la niebla cubre el valle, pasa como cuando nieva, los sonidos se paran, se amortiguan, es como si el espesor de la niebla hiciera los sonidos tan lentos y tan bajos que a veces no se pueden escuchar ni los propios pasos, y eso, el no poder oír ni ver al que podía estar detrás, o al lado, le estremecía. Recorrió la casa de arriba abajo, con una palmatoria en una mano y una daga en la otra, comprobado habitación por habitación, pasillo por pasillo, que estaban trancadas todas las puertas y ventanas de la casa, fue difícil, es complicado interpretar y no asustarse con las imágenes, las luces y las sombras que se forman con una escuálida vela en las paredes de la casa. Luego salió al exterior, estaban allí, ni los vio, ni los escuchó pero sabía perfectamente que aquellos salvajes estaban otra vez allí robándole ganado y vigilándole. Sintió que ella también estaba allí espiándolo y planeando su venganza, llegó a mirar en la oscuridad el lugar exacto donde seguro que estaba Guayarmina, la guanche que había forzado antes de la escaramuza del barranco. Estaba seguro que si tuviera en ese momento su mosquetón y disparaba a aquel punto la mataba seguro. Pero no tenía ganas, ya no. Estaba cansado, harto, asqueado de aquella puta guerra que no terminará nunca, y seguirá y seguirá hasta que muera el último de los salvajes. Harto de disparar, de matar, del olor dulzón de la sangre…o del acre de la pólvora, harto de haber matado a familias enteras, primeros al padre, luego a los hijos, luego a la madre, luego a las hijas… Además, cuando lo pensaba un poco, comprendía a Guayarmina. Hoy nunca lo hubiera hecho, pero entonces… Es que entonces lo divertido era que ellas se resistieran, el que lucharan, el que presentaran batalla, el que no se dejaran, el que fuesen vírgenes… por eso le encantó aquel día y no lo olvidará nunca. Literalmente tuvo que sacarla a bofetadas de la cueva, el desnudarla delante de toda la tribu fue bestialmente increíble y luego el poseerla… fue como montar a un caballo salvaje… y si no se hubiera rendido de agotamiento seguro que hubieran llegado a la gloria más veces seguidas, por eso por rendirse se la pasó a Álvaro, para que se divirtiera y estrenara… Claro nunca se le ocurrió pensar que se montaría la que se montó.

11 comentarios:

Vir dijo...

Que mal me cae el Martín éste, que salido asqueroso, mira d2 como Guayarmina no le mate te la monto :)

Lo justo sería que los indios se vengaran y mataran a su hija q eso le iba a doler más, haz justicia eh d2.

Estaré atenta al siguiente post pero de verdad que espero justicia, un beso muy grande!!

d2 dijo...

Vir
Jajajjajaja yo ni Garzón ni Varela. No hago justicia. Ni lo intento. Antes muerto. Me horroriza… Solo cuentos historias que se contaban en la cocina de Garabato de cuando esto era Gara-bato o Gara Watou como se decía al principio… Ya sabes ni quito ni pongo rey solo lo cuento, aunque como “goda” seguro que no te gusta el final
Un beso

Vir dijo...

Pero eso de Garabato qué es??
Mmm a ver con las pistas que me has dado estás hablando de las islas canarias... si yo soy goda es porque estoy en la península pero me identifico más con los guanches.. me estás liando!! Es una trampa, dices q como goda no me va a gustar el final pero es irónico creo.. me estás diciendo realmente q me va a encantar.. jajajaja joe q capacidad para liarme tienes un beso y no tardes una semana en la próxima entrega

d2 dijo...

Cuenta la leyenda que la primera vez que dejaron entrar a mi padre en Garabato, un militar godo de ingenieros recién salido de la academia , el hombre muy serio, al saludar al abuelo le dijo: de verdad que lamento que mis antepasados esclavizaran a los suyos.- El abuelo mientras se encendía un puro palmero le respondió:-no se preocupe usted, los que nos esclavizaron en nuestras propias tierras fueron NUESTROS antepasados, los suyos nunca vinieron aquí. Es un poco “la gracia” de la historia No somos los hijos de los perdedores, los perdedores se vendieron como esclavos, nosotros somos los hijos de los vencedores, ellos, los de Lugo, los Betancour, los Martin…. fueron quienes forzaron o se casaron con nuestras madres…

María Beatriz dijo...

Que buen relato...Me quedo esperando cómo sigue la historia...

Un beso

Aldabra dijo...

tengo que pedirte un favor... tengo especial interés en que leas mi última entrada, ya te darás cuenta de por qué... nunca escrbí una historia así y no sé si me ha quedado real o no...

la verdad es que se me ocurrió que quería escribir una historia de dos hombres, después de leer el otro día tu diálogo Lunes 05:30.

luego me pasaré a leer tu relato que ahora no puedo.

biquiños,

Aldabra dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Aldabra dijo...

gracias por darme tu opinión, espero que haya sido sincera porque de lo contrario... temblad, malditos, temblad... ¿quién dijo eso?...

me gusta escribir bajo todos los registros posibles, me encanta experimentar y probar a hacer que parezca creíble lo increíble.

para mí no hay diferencia entre el amor-pasión homo o hetero... básicamente hombres y mujeres podemos sentir del mismo modo si dejamos que no nos arrastren los condicionantes sociales.

me encanta ver las cosas del modo más natural posible.

cuando leo lo que escribes, disfruto de lo que leo, independientemente de entre quien sucede... yo hago mi propia lectura a partir de lo que tú quieres contarme... y no me pregunto si lo que me cuentas sucede en el mundo real o no, no me interesa saberlo porque yo me imagino lo que a mi me parece...

y tal vez mi historia sea fruto de cómo yo me imagino que son Pau y Miguel... dos tipos frescos, espontáneos, que saben
disfrutar de la vida y del amor (ahí es nada)...

y ahora voy a tu relato.

¡jodido cabrón!, son las primeras palabras que se me vienen a la boca... porque me parece muy retorcido lo que hace...

tiene un final mucho más cruel que toda la sangre que presiente a lo largo del relato, que hace que me llene de rabia: "por eso por no rendirse se la paso a Álvaro"...

¡jodido cabrón!

biquiños,

alex dijo...

Es el primer relato que te leo y me has llevado hacia ese lugar donde vive la tribu. Me ha gustado mucho, lo qe no se es si viene de atrás. Me daré una vuelta.

Besos cielo

d2 dijo...

alex
Gracias por la vuelta, por pasear y por llegar. No salió bien el experimento. La verdad es que he disfrutado mucho intentando contar este tipo de relatos, yo me animo diciéndome que el blog no es el medio idóneo. Y me vale.
Un beso y gracias

王勝 dijo...

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