miércoles, 23 de junio de 2010

Prueba 02

Pasó. Juré matarlo. Claro, no lo hice, no pude, pero casi. Con doce años uno jura muchas más cosas de las que puede cumplir. Mientras se marchaba me dijo: lávate y vístete… y deja ya de gimotear como una nena, que no ha sido para tanto. Me vestí y no dije nada, ni en clase, ni en el microbús, ni tampoco al llegar a casa. Me sentía mal, asqueroso, usado, culpable… Culpable sobre todo por no haberlo obligado a que me matara a palos para conseguirlo, por no haberme resistido más, por no habérselo dejado más claro, por haberme quedado petrificado, y sobre todo porque yo sabía que podía pasar, lo sabía, intuía que algo fallaba, que había algo en su mirada que no era normal, sus miradas en el vestuario me lo advertían, y su puñetera manía de abrazar, tocar, dar palmadas… Pero era tan fabuloso ser el alumno preferido del profesor más popular del colegio que no quise pensarlo, no hice nada para evitarlo… había sido mi culpa y me sentía fatal. Además ¿como se cuenta eso en casa…? Por la mañana si que me atreví a decir que no quería ir al colegio. No quería ir. No quería volver a verlo nunca, grité que no quería ir y claro, terminé yendo como todos los días pero cabreado como una mona, muerto de miedo y con una torta de más. En quince días pasé de alumno modelo, al peor del colegio, no me perdonaba una, iba a por mi y me pillaba siempre, el quería que volviera a ser todo normal, como antes, que volviera a jugar a baloncesto, a las duchas, los vestuarios, y yo no quería que volviera a pasar nunca. Cuando llegaron las notas, encima castigado en casa, me cansé y dije, realmente grité, que el padre Jesús era un hijo de puta que le gustaba tocar a los chicos… Menudo eufemismo tocar…. Demasiado tarde. Seguro que si lo hubiera dicho el primer día me hubieran creído, con seis suspensos, dos ceros, y cuatro partes al director por protestar en clase, hasta mi tía Amalia, que me quería a borbotones, dijo que lo que yo estaba diciendo era una infamia repugnante, y que no esperaba esa canallada de mi. Duele mogollón que no te crea quien tiene que creerte. Cuando salí del comedor me estaba esperando mi primo Pedro:- ¿Qué has pensado que le hagamos? me dijo. Nunca le pregunté, ni el a mí, nunca contó, ni yo conté, pero estoy seguro los dos habíamos pasado por lo mismo. Una paliza enorme y bestial, la mayor que nadie pueda dar nunca, fue el acuerdo cuando descartamos lo de matarlo. Esperaríamos a última hora, cuando estuviera en la cancha de baloncesto, desde fuera apagaríamos la luz, y entraríamos los dos juntos con los pasamontañas puestos a por él. Lo único malo es que ni Pedro ni yo nos habíamos pegado en serio con nadie, ni una mala patada en la boca… Teníamos que aprender y entrenarnos… Tardamos casi dos semanas en decidirnos a darnos el primer mamporro que valiera la pena, después fue mas fácil y hasta le cogimos cierto gusto a eso de arrearnos de lo lindo. Parecíamos gilipollas, un día una ceja rota, otro un ojo morado, otro un moretón en la pierna, otro el labio partido, y cada día mas contentos, y siempre con las mismas escusas en casa: he tropezado, me he caído, un balonazo… Pero había que probar, no podíamos lanzarnos a por él sin estar seguros que podríamos darle una buena paliza, Pobre Melchor Zarate. Es que no había otro con quien probar. Fue un desastre. Seguramente fue la paliza de su vida, pero nos dimos cuenta que no podríamos solos con el padre Jesús. Fue una semana horrible. Llegué a pensar en volver al baloncesto. Fue a Pedro al que se le ocurrió contratar a Amadou para que nos ayudara. Amadou era un senegalés, de un metro noventa, que trabajaba para mi abuelo. Impresionaba verlo, tan grande, tan fuerte, tan serio, tan negro y siempre con el sombrero de fieltro negro calado hasta las cejas, su manta esperancera y la recortada escondida bajo el brazo pero siempre al alcance de la mano…

13 comentarios:

campoazul dijo...

La primera parte de tu relato ya la he comentado..., supongo que estás haciendo pruebas, por eso evidentemente se llama Prueba 2, lo que pasa es que se hace extraño.
Bien, la segunda parte, tiene gracia lo de practicar la paliza en la propia piel..., a ver qué pasa con el contrato de Amadou...,
Esperaré a la Prueba 3

Besos.

d2 dijo...

Campoazul
Sorry… no puedo parar de meterme en líos. La última locura es tratar de contar cuentos que se puedan enlazar formando una historia o que puedan tener vida totalmente independiente. De verdad, lo siento pero tengo que experimentar con vosotros. Perdóname. Unbeso

alex dijo...

Yo tampoco debería haberme callado, y ahora pago las consecuencias.

Un beso cielo

d2 dijo...

El problema NUNCA está en callarse. El problema es una educación que nos hizo callarnos.
Un abrazo enorme

alex dijo...

Ya, pero los silencios hacen mucho daño, y lo malo es que no te das cuenta hasta pasados los años.

Un beso cielo

Pau dijo...

Si me jode el silencio es porque en el fondo es su arma, su fortaleza, su seguridad. Me encanta pensar que en un mundo donde se pueda contar, simplemente no pasará más porque al saberse descubiertos perderán su protección. Pero cuando ha pasado ya no tiene solución, lo cuentes o te calles, es igual, lo has vivido y eso te cambia.
Un beso

Thiago dijo...

Pero tú no te callaste, o bueno el protagonista, que igual si hablas de experimentos no es biográfico este relato tan crudo, no? El caso es que no se calló, sino que no le creyeron que es distinto. Es que en cierta época era impensable que un respetado miembro del clero y que además era docente pudiera hacer esas cosas de las que ni se hablaban...

Y lo peor es lo que explica tu post, que llegas a sentir que la culpa es tuya... ¡Eso si es terrible, eh!

En fin, esperamos continuación ahora necesitamos saber, jaaj Bezos

d2 dijo...

Creo que fue importante lo de los quince días de silencio. Cuando se cuenta, las notas están trufadas de suspensos y se ha perdido credibilidad. Por absurdo que pueda parecer, la familia, toma partido por el cura, igual que cuando un alumno que suspende dice que el profe le tiene manía. Aunque parezca poco importante, eso, el que no se te crean cuando gritas pidiendo ayuda porque te sabes víctima, es tal vez lo que más destroza. Si es difícil no sentirse culpable cuando a quien admiras te agrede, mas difícil es aceptar que quien quieres no te crea. No me gustaría centrar el debate en si es biográfico o no. Íntimamente tú lo sabes o lo intuyes, yo lo sé y no creo que interese mucho mas.
Gracias sinceramente por pasarte, Una gozada tenerte por aquí.
Un beso

G-boy dijo...

Wow, menudo relato, espero que sea ficción jejeje, pero está impresionante, digno de guión. Felicitaciones.

Me gustó mucho el diseño de tu blog, está muy lindo. Saludos y siempre bienvenido ;D.

Thiago dijo...

jaj estoy deseando saber mas, cari, avisame cuando pongas la continuación, ajaj


Bezos

d2 dijo...

G-boy

No tan ficción como todos quisiéramos, de todas formas lo que pasó, pasó y ahora lo que me preocupa es aprender a contar historias. Claro, me encanta que te guste a ti, ya lo sabes creo que tienes un blog excelente y siempre gustan opiniones como las tuyas.

Thiago
Creo que eres la primera persona en el mundo que reconoce que ha regresado buscando la continuación de algo… no te enfades pero ¿tú mesclas medicamentos? No me respondas, prefiero no despertarme.
Un beso

Aldabra dijo...

aquí una conejilla de indias del norte.

ya decía yo que me sonaba este relato, ahora voy a leer el resto de pruebas y te cuento al final.

biquiños,

p.d.: falto unos días y te pones a escribir como un poseso?, te voy a matar.

Mar dijo...

Buuuf que duro,m la verdad que estas cosas cuando suceden deben marcar a uno de por vida. Lo peor creo que es esa sensación de sentirse uno sucio por dentro, no sé...

Besos

Mar (... desde un faro en mitad del mar)