domingo, 23 de agosto de 2015

Son esos los días que mas fumo.

A mí en el capitulo leyendas urbanas, la que mas me gusta, y me gustó, cuando me la contaron es la de la pareja -Siempre, en todas las versiones que he escuchado después, son una pareja, y siempre también la pareja hay un familiar o conocido muy próximo, al que cuenta la leyenda, supongo yo que se hace así para dar mas verosimilitud al relato - En cualquier caso circulan por la noche, por una carretera de montaña entre lluvia y niebla, o nevadas, o hasta con tormentas, pero siempre siempre con un tiempo horroroso y de pronto, a la salida de una curva, se encuentra con una mujer que viene hacia ellos por el medio de la carretera pidiendo auxilio. La mujer camina con dificultad, tambaleándose desorientada, está como si le hubiera pasado un camión por encima, pálida, sangrando por una herida horrible en la cabeza, con la ropa hecha jirones, empapada, despeinada, sucia, y una cara de pánico, miedo, o desesperación que aterra. La pareja para el coche a un lado de la carretera y cuando salen para auxiliarla, ella les cuenta con una voz muy muy débil, ronca y desagradable, que acaban de tener un accidente y su coche se ha precipitado por el barranco. Cuenta entre lagrimas y sollozos que su marido está muerto al volante del coche, y que su bebe está vivo, abajo, en el barranco dentro del coche, pero que está atado en el asiento y que ella no ha logrado sacarlo.... En este puntos las versiones suelen ser muy diferentes, para unos el bebe es un niño, para otros una niña, en unos casos el bebe es de pocas semanas, y en otras hasta de unos pocos años. Lo que es común a todas las versiones, es el que el hombre coge una linterna del maletero y los tres juntos caminan empapándose durante un largo trecho hasta encontrar el lugar del accidente. El guardarail está destrozado a la entrada de una curva, y en el asfalto cristales y un trozo de retrovisor roto. Los tres se asoman al barranco y muy al fondo, como a unos cien metros, entre arboles y matorrales, la luz de la linterna deja ver confusamente algo que bien podría ser los restos destrozados de un coche. Durante un momento el hombre duda, no le apetece nada la idea de bajar aquella pendiente, con la lluvia, entre peñas y matorrales para encontrarse con un muerto o dos, que cualquiera sabe como podrían estar... El -¡ayúdeme por Dios! que mi hijo se estará helando,- de la señora disipa todas sus dudas. Después de dejar muy claro que él bajaría SOLO y que si necesitaba ayuda haría señales intermitentes con la linterna para que bajase su mujer y nada mas que ella, pues la señora, en su estado, era un peligro enorme que bajara, y solamente podría complicar el rescate. Durante un rato que se hizo enorme nada mas que se vio la lucecilla de la linterna bajando lentamente hacia el fondo del barranco. Después se quedó un rato quieta y un poco mas tarde se pudo ver la luz que subía hacia la carretera corriendo como alma que lleva el diablo. Antes incluso de llegar a la carretera se escucho al hombre gritar:- ¡Corre al coche, corre! La mujer dudó, no tenia sentido, luego ella pensó que seguramente el bebe estaba herido y había que salir corriendo hacia algún hospital, mientras corría hacia el coche se dio cuenta que la madre ya no estaba a su lado. Primero pensó que seguramente, como estaba mal caminaría mas lentamente, luego se dio cuenta de que hacia rato que no la notaba a su lado, y luego le dio por pensar que lo mas posible es que a escondidas hubiera bajando siguiendo a su marido para ver a su bebe.... Llegó cansada al coche casi al mismo tiempo que su marido, que corría desesperado,  ella instintivamente se puso en el asiento del conductor: -¡¡Acelera!! sal corriendo!!!-
-.Tenemos que esperar a la madre que se me ha escapado.-
-. ¡¡¡Que aceleres y salgas corriendo!!!.-
-. Pero... es que aunque el bebé esté muy mal tenemos que esperar a la madre, ¿no lo entiendes ?
-. El bebé está bien... y La madre... la madre está muerta, muerta y ya fría, como el padre, atrapados los dos en el coche, en el fondo del barranco....
Se miraron, miraron al bebe, aceleraron y durante muchos, muchos días no volvieron a hablar entre ellos...


La primera vez que la escuché nos la contó, mi cuñado Javier, el marido de Maca. El tipo es un actor, mas que un actor es un cabrón redomado. Lo contó como se cuentan las historias que le han ocurrido a uno mismo y por vergüenza o pudor se la largas a un “amigo intimo” del que nuca se ha hablado y al que nadie conoce. Desde el primer momento, nada mas empezar a contar, yo que soy muy bueno para esas cosas, me di cuenta de que se trataba de otra de esas muchas leyendas urbanas. Me gustó mucho que la contara falseando al protagonista, es muy arriesgado contar una leyenda como si fuese real, y te hubiera ocurrido a ti, y encima estas disimulando endosandoselo a un amigo inexistente. Lo hizo de puta madre, solo dijo el nombre del supuesto amigo al comenzar a contar la historia, luego todo el rato, mi amigo cogió la linterna, mi amigo vio el precipicio, mi amigo le dijo... se notaba demasiado que el protagonista era mas falso que un euro de chocolate, por otra parte describía cada escena, con la minuciosidad con la que se cuenta una vivencia que se te ha quedado grabada hasta el mismo tuétano, la carretera, el pueblo anterior, el posterior, el punto kilométrico, la ropa de la madre, el color grisáceo de sus labios, el modelo del coche, el color, todo... ¡Vamos! Que desde el primer momento teníamos que hacer auténticos esfuerzos para no creernos la puñetera historia y aplaudir la interpretación. Y claro, luego como buen canalla madrileño, siguió contando supuestos detalles de la historia y respondiendo a todas las preguntas que le hicimos. Como se saltaron El Escorial, Galapagar, Las Rozas todos los pueblos del camino y solo cuando llegaron a Madrid llevaron al bebe al hospital y allí dieron parte a la guardia civil, saltándose claro la parte de la muerta. Y el remate total fue cuando Gabriel preguntó:- ¿Y que pensó tu amigo cuando vio a la muerta atrapada en el coche?

-. Ni pensé nada. Cogí a mi niña, la abracé muy fuerte, sentí que me cagaba vivo y....- se paró un milisegundo obviamente para que nos diéramos cuenta de que había utilizado, en la respuesta, la primera persona, y siguió diciendo. .- y salí corriendo.- y como para arreglar el error remató con un tono nada convincente: .- si, de verdad, eso exactamente eso fue lo que me dijo mi amigo que él había pensado.- Sentí autenticas ganas de aplaudirle la interpretación  de aquella noche.
Yo, lo reconozco, porque yo solo creo en las hipotecas y los inspectores de hacienda, nunca he dudado de que todo aquello es una leyenda urbana contada por un canalla. Y también claro, reconozco, que aquella noche sentí escalofríos. Y también claro, los siento cuando alguna vez se me cruza el intermitente y veo a su hija, la adoptada, y me acuerdo de aquella noche. Son esos los días que mas fumo.