martes, 11 de septiembre de 2012

PAU


From: Miguel [d2@ya.com]
To: goodman@hotmail.com
Subject: Pau

Hola
Ayer conocí a Pau. Es alguien muy especial. Yo lo había visto muchas veces con Albert. Hace tiempo, un día vino a recogerme en moto al aeropuerto, te lo conté. Me encantó su forma de mirarme, me hizo sentirme en la gloria. Después me di cuenta de que Pau siempre mira así, es lo suyo. Como dice Albert su mirada es lasciva y tierna a la vez. Desequilibra, y da vértigo. Pau así, a simple vista sorprende por lo guapo, después por su sonrisa, siempre sonríe. No sé lo que me pasó, hacía frío, mucho frío, todavía estaba enfadado por lo de Basilio, y nadie me esperaba en ninguna parte. Me sorprendí a mi mismo al escucharme decirle que me apetecía estar con él. Estábamos los dos solos y no fui el más sorprendido, el aceptó.
Un olor acre a orines humanos, mierdas de gatos, y semen reseco flotaba pegajoso en el cochambroso portal. Al fondo del pasillo, dos bultos con aspecto humanoide, se movían rítmicamente entre jadeos inconfundibles. Encendí la luz para tratar de orientarme en la penumbra, la tenue luz de la bombilla acentuó lo sórdido del lugar. En la oscurísima escalera repleta de pintadas obscenas, la puta vieja, chupaba sonora la minga del africano. El moreno, con los pantalones por las rodillas y los ojos desorbitados jadeaba al compás de sus embestidas. Les debió molestar mucho el que encendiéramos luz, la profesional paró un momento, y nos llamó gilipollas y algo más... El cliente, más agresivo, nos hizo un corte de manga al tiempo que se acordó de la virtud de nuestras madres... Nosotros sin mirar más, subimos deprisa hasta el tercer piso. Yo haciendo virguerías por no tocar el pasamanos, por no rozar la pared, por no pringarme con alguna mierda. Pau sacó la llave, abrió la puerta, ya en la casa, bueno..., es un decir, noté como los vapores se filtraban por los desconchones de la pared, calaban el yeso impregnando el papel pintado, la moqueta deshilachada y toda la casa del maldito olor nauseabundo. La mugre y las cucarachas no eran nuestra única compañía, también estaba un personaje de piel negruzca y de carnes amojamadas como el pescado en salazón, que recitaba mustias letanías sobre el reino de los justos y la misericordia divina delante de una imagen de la virgen.... Ella, la vieja, no nos hizo el más mínimo caso. Yo seguí a Pau por un estrecho pasillo hasta una habitación desproporcionadamente grande. Desconcertado por la presencia de la amojamada, le pregunté a Pau por ella. -¿Y eso?- reconozco que no era la forma correcta de preguntar por aquella mujer, pero no estaba yo en aquel momento para muchas sutilezas... Pau no entendió la pregunta, pensó que preguntaba por la habitación en la que acabábamos de entrar, sonrió con orgullo y me dijo que era su habitación... la mejor de la casa. Una cama de matrimonio altísima y destartalada, un armario de madera desvencijado y una silla flotaban en la habitación, pensé que tenía mucha suerte por conocer nada más que la mejor parte de la casa. Pau comenzó a desvestirse como si fuera la cosa más normal del mundo, al tiempo, sin darse cuenta contestó mi pregunta sobre la de la piel negruzca... – Mónica es mi tía abuela, está loca, tiene demencia senil... era puta... y según cuenta guapa y muy cotizada... la tengo aquí por no llevarla al asilo,... así me limpia la casa... - por un momento pensé que Pau no podía estar bien de la cabeza... Limpiar seguramente era el único verbo que no se había conjugado hacia meses o años en aquella casa. Grotesco, el ver caer al suelo entre tanta pringosa miseria, pantalones de marca, camisetas de marca y zapatos de marca. Yo, después de dudar un rato y mirar mil veces la silla me atreví a sentarme. Cuando volví a mirar a Pau, estaba totalmente desnudo. Pau está bien, es guapo, luce mucho más vestido que desnudo. Su piel excesivamente blanca, y su aspecto más hacia lo famélico que hacia lo atlético le dan un aire más tierno que deseable. De todas formas, allí, en aquel lugar, en aquel momento, con aquel olor, el horno no estaba precisamente para muchos bollos... Intenté esbozar la mejor de mis sonrisas, saqué de la cartera dos billetes de cincuenta y después de dejarlos sobre la cama me dirigí hacia la puerta.
A Pau no le debió gustar nada... Se molestó, empezó a protestar indignado. Tenía su gracia escucharlo, gesticulaba como un mono y me gritaba en un catalán tan cerrado que me resultaba dificilísimo entenderlo. El puñetero niñato tenía su puntazo de orgullo... Él era un profesional... A él nadie le regalaba nada... No aceptaba limosnas... A él se le pagaba un trabajo, y según él, yo lo estaba humillando. Me lo dijo enfadado, con los ojos brillantes, realmente dolido. A esas alturas de la noche, yo nada más que tenía una idea en la cabeza, salir lo más rápido posible de aquel sitio. Realmente me importaba muy poco si el niñato se sentía orgulloso o humillado, sólo quería salir de allí. Recogí los billetes de la cama y me dirigí hacia la puerta... Ahora era peor.... Eso le gustó menos... Que si había perdido la noche.... Que si para eso tanto rollo... Que menuda mierda... y claro, que si pretendía salir sin pagarle que me partiría allí mismo las dos piernas. La sola idea de caer en aquel suelo mugriento, me hizo desistir de cualquier intento de salir sin pactar un precio. Le propuse tres alternativas, una que tomase el dinero como un anticipo a cuenta de futuros servicios, dos que facturase por horas en lugar de por servicio, y tres que se viniera conmigo a mi hotel y terminase el trabajo. Es un pesado, realmente mucho orgullo, pero poco cerebro. Supongo que es cosa de la edad, una decisión tan fácil y tan sencilla le hacia dudar... Yo no tenía ganas de estar un segundo más en aquella casa. Volví a dejar el dinero sobre la cama, me dirigí a la puerta, y después de despedirme salí sin mirar. Bajé a la calle y me puse a buscar un taxi. Al momento, a mi espalda escuché: -Que te acompaño... y así nos dejamos de problemas.....- Me pilló de sorpresa verlo a mi lado. Realmente el extraño código moral de Pau me tenía desconcertado. Era absurdo, simplemente absurdo....
En el hotel todo fue más o menos igual, antes de darme cuenta él se acercó y comenzó a desvestirme... Lo reconozco, me estaba excitando, pero todo aquello era demasiado grotesco. En muy poco tiempo habíamos pasado de lo sórdido, cutre, casposo, a lo sórdido, lujoso, indecente. Desde luego que la habitación del Hotel Arts era infinitamente mejor que la mierda de polvera de Pau, pero de todas formas, a pesar del aire acondicionado, la música ambiental, la moqueta inmaculada, la tenue luz de la habitación, la impresionante vista del mediterráneo, todo conservaba el sórdido glamour del sexo por dinero.
No pude seguir. Ni empezar. Sin decir nada me fui directamente a la ducha. Quería quitarme con el gel la sensación de suciedad pringosa que me acompañaba desde que había contratado los servicios de Pau, por desgracia ni el agua caliente a toda presión, ni el jabón de baño limpian la conciencia . Al rato él entró en el baño... Estaba serio, - ¿La primera vez pagando?- Lo pregunto sin el más mínimo interés por la respuesta, la sabía, no esperó mi respuesta -¿Quieres que terminemos?- tampoco esperó mi respuesta. - ¿Quieres que hablemos o prefieres que me marche?- esta vez si que se notaba que esperaba una respuesta. Yo quería que se marchase, que se fuese, que desapareciera de mi vida para siempre, pero... no sé, me dio la sensación de que él quería hablar... o quedarse, o yo qué sé, le dije que hiciera lo que quisiera, pero que si se quedaba me preparase una copa. Yo seguí en la ducha un rato más pensado que al final, todo aquello sería la copa más cara de toda mi vida.
Me sorprendió que siguiera allí cuando salí de la ducha. Me estaba esperando sentado escuchando música y con la copa preparada... –Quiero hablar contigo... – me dijo, y a continuación:- Eres un ¡Gilipollas!....Yo, hoy, quería hacerte un regalo... No pensaba cobrarte...- Sentí escalofríos... Por un momento me sentí un autentico gilipollas...
Hablamos..., que si hablamos... y nos pilló el amanecer riendo mientras intentaba enseñarle a bailar el tango en el piso diecisiete... y dejamos de hablar mientras amanecía... y de respirar mas tarde.... Los rayos del sol rompieron la oscuridad y más cosas se rompieron allí durante la noche. Luego desayunamos como si nunca antes hubiéramos comido, y nos quedamos dormidos. Yo no fui a trabajar, y a las cinco de la tarde, él se fue. Me dio pena que se fuera, pero no por él. Lo llamé, quería volver a verlo. Me colgó. Luego, me llamó, y cenamos juntos...
Bueno, que un beso.

4 comentarios:

Aldabra dijo...

he sentido congoja, ternura... y ganas de beber una copa de vino.

biquiños,

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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